Un día antes del inicio del nuevo Patinando por un sueño, un ex productor cuenta los entretelones del fenómeno. Libro en gateras.
El mes que viene estará en la calle El coach, el libro sobre Patinando por un sueño. El autor es Martín Virasoro, quien pasó por el ciclo el año pasado como coach general, cargo al que renunció en noviembre. Semejante experiencia le dio letra para proyectar esta publicación. “La intención fue plasmar esa vivencia desde una perspectiva psicológica para entender el ‘fenómeno Tinelli’. Es un libro de análisis, no de chimentos”, aclara. Según explica, Virasoro fue convocado a Patinando porque reunía dos condiciones: por un lado, practicó patinaje artístico y hóckey sobre hielo; por otro, es consultor psicológico. “Como trabajaba en el área de las relaciones públicas de una empresa familiar, me decidí por esta carrera para profundizar en el manejo de grupos, si bien al poco tiempo descubrí que prefería el consultorio privado y la atención a individuos y parejas”, dice.
La producción del programa lo contrató tanto para enseñar a las chicas a largarse y dar los primeros pasos en patines, como para coordinar y contener a las 21 participantes, los soñadores, coreógrafos y coaches. Es decir, poner paños fríos a los posibles conflictos. “La competencia es enorme. Es un choque de planetas narcisistas. Algunas parece que se juegan la vida. Si no estás bien parada, realmente salís afectada por la dedocracia del ‘vos sí, vos no’. Hay chicas que sufrieron mucho y varias continúan atendiéndose conmigo en consultorio”, revela.
–Tenía trabajo y carrera. ¿Por qué se metió, por dinero?
–No, para nada. El año pasado, y mucho no creo que haya cambiado, los coaches ganaban 1.800 pesos por entrenar de lunes a viernes, entre 5 y 6 horas, a dos parejas. Yo ganaba el doble. Fijate que, de los 14 coaches que había, quedaron 2 o 3, las chicas más jóvenes, porque los demás renunciaron. Y fueron reemplazados por gente que viene del patinaje sobre ruedas, que es otra cosa.
Su lugar lo ocupa Fabio Gigli, quien fuera en 2007 el soñador de la participante Claudia Albertario. “Es bailarín y patinador sobre ruedas. No tengo nada contra él, pero creo que había personas más calificadas, con más trayectoria en el hielo”, opina. Acerca de las razones de su renuncia, dice que su rol se había desvirtuado, había mucho puterío y comentarios chimenteros de los que quiso despegarse.
–Si quería tomar distancia, ¿por qué vuelve al tema con un libro?
–Hablé de eso mucho con mi psicólogo y lo que concluí es que el estar en la tele me reafirmó que no es mi mundo, pero quería dar mi visión como profesional. No es con mala leche, para nada, ni por una cuestión mediática. Me impactaba mucho que la gente me reconociera por la calle como “el coach” –además, claro, de mi relación con Marina Calabró– y quise desentrañar todo ese fenómeno que provoca Tinelli.
–¿Y a qué hipótesis llegó?
–La gente se refleja en el programa. Lo que ahí pasa funciona como espejo: “Si ellos llegaron, yo también puedo ser famoso”. Como pasó con Iliana, que la gente se identificó con su personaje. Por otro lado, está el morbo, el voyeurismo, el querer espiar los desnudos, las peleas.
–¿Le gusta el programa?
–Esa lucha por permanecer y no ser descartada tiene algo de perverso. Y la gente le perdona todo a Tinelli.
Fuente: Diario Crítica
3 Opinaron:
Martín Virasoro es un figureti. Se fue de Patinado porque se avivaron quién era y dejaron de enfocarlo. No sabe nada, ni de psicología (pídanle el título) ni de patinaje. Ni siquiera sabe lo que es laburar. Lo único que hizo fue pasearse por Ideas del Sur y chamuyar. Sólo podría escribir chimentos, pero no lo hace porque sino tendría que blanquear los "machetes" que le pasaba a Reina Reech y, lo peor, sus revolcadas con un patinador, a espaldas de Marina.
Basta de darle espacio a farsantes, por favor.
Romina
Que verguenza que periodistas y gente de las letras que tienen cosas interesantes para decir no tengan las posibilidades de sacar un libro.
que hay para decir de un fenómeno tan patético como Tinelli? Bochornoso.
para mi es un gay de mierda, no me lo banco, me apiado de marina. besos, carlos.
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